• Las autoridades de Copenhague buscan lograr una ciudad decarbono neutral en 2025
  • En la urbe hay más bicis que habitantes
  • 45% de empleados y estudiantes viajan por ese medio
Escena común en Europa. Sin embargo, Copenhague es ya un ícono del ciclismo urbano a escala globalFoto tomada de Internet

Escena común en Europa. Sin embargo, Copenhague es ya un ícono del ciclismo urbano a escala globalFoto tomada de Internet

por Georgina Saldierna

Periódico La Jornada
Domingo 27 de marzo de 2016, p. 25

Copenhague.

Cuarenta y cinco por ciento de los viajes que se realizan para llegar a trabajar o estudiar en esta ciudad se efectúan en bicicleta. Quienes utilizan ese medio de transporte, no lo hacen por ser amigables con el ambiente o por una decisión política, sino porque trasladarse de esta manera es fácil, rápido, cómodo y confiable, afirmó Marie Kastrup, responsable del programa ciclista de la ciudad.

La directora de uno de los proyectos más importantes de la urbe dialogó con un grupo de periodistas mexicanos en la céntrica Radhuspladsen, la plaza donde se encuentra el ayuntamiento y nace Stroget, una de las calles peatonales más concurridas por sus tiendas y restaurantes. Aquí también se ubica la sede de la confederación de industrias danesas, el edificio del periódico Politiken, de los de mayor circulación, y a unos pasos el parque de diversiones Tivoli.

Como centro comercial y político de la ciudad, en la zona transitan diariamente miles de personas. Por el bulevar H. C. Andersen no cesan de circular autobuses, autos y bicicletas; numerosos ciclistas –hombres, mujeres y niños–, que sin importar que Copenhague por estas fechas se encuentra a tres grados centígrados, pedalean uno tras otro hasta su destino.

Pueblo bicicletero, sin ofender

Si se atiene uno a las cifras oficiales, se podría decir que este es un pueblo bicicletero, sin las connotaciones peyorativas que a veces se da a la frase cuando se aplica a poblados empobrecidos y aislados de México.

Según los números del gobierno local, 45 por ciento de los viajes que se registran en la urbe para ir a trabajar o estudiar, ocurren en bicicleta; 27 por ciento en transporte público; 23 por ciento en automóvil, y 5 por ciento caminando.

Si se toman en cuenta sólo los traslados que efectúan los residentes de la ciudad, es decir, sin contar a quienes provienen de municipios cercanos, 63 por ciento se hacen pedaleando, 17 por ciento en tren, autobús o taxi, y 10 por ciento en auto. Otro 10 por ciento se concreta a pie.

Todas son cifras muy alejadas de la realidad mexicana, en la cual imperan el automóvil y el transporte público. Sin las suficientes ciclovías, la infraestructura necesaria y los adecuados niveles de seguridad, aún en la Ciudad de México, donde el gobierno promueve desde hace seis años la utilización de la bicicleta, son pocos los que han optado por este medio.

En contraste, se calcula que alrededor de 155 mil personas pedalean al día en Copenhague, una ciudad plana, sin elevaciones ni declives que pudieran desalentar el uso de la bici. A estas bondades orográficas se ha sumado la construcción de caminos exclusivos para los ciclistas, con señalizaciones claras y visibles.

También se han levantado estacionamientos para este ve­hículo en los paraderos del tren y de autobuses, con el propósito de que las personas puedan combinar los tres medios. Aunado a ello, quienes transitan por la ciudad, sin importar el transporte que utilicen, deben seguir códigos de conducta que implican respetar el espacio de los otros.

De 2005 a la fecha, se ha invertido mil millones de coronas danesas (2 mil 600 millones de pesos) en ampliar y crear vías para pedalear. En una encuesta efectuada en 2014, 80 por ciento de los habitantes de la capital declaró estar satisfecho con el número de rutas existentes, mientras 63 por ciento se mostró conforme con el mantenimiento que se les da. Setenta y cuatro por ciento dijo sentirse seguro cuando las usa; 20 por ciento señaló estar parcialmente seguro, y sólo 6 por ciento manifestó estar inseguro. El sondeo preguntó sobre las razones por las que emplea este transporte. La mitad aseguró que es más rápido, 49 por ciento que es más fácil, 42 por ciento para hacer ejercicio; 27 por ciento que es barato; 25 por ciento lo considera conveniente, y sólo 7 por ciento lo utiliza porque es amigable con el ambiente.

–¿Cómo se ha creado esta cultura del ciclismo? –se le pregunta a Marie Kastrup, durante una entrevista que dio a periodistas mexicanos previa a la visita que realizará el presidente Enrique Peña Nieto a Dinamarca en abril próximo.

–Desde hace más de 100 años hemos estado construyendo caminos para la bicicleta y la infraestructura para que los ciclistas se sientan seguros. Físicamente hay una separación entre los carriles de éstos y los del automovilista. Invertir en este rubro es más barato que hacerlo en transporte público o en vías para autos. Además, es más fácil recuperar la inversión por todos los beneficios que da. Hay menos tráfico, menos emisiones de bióxido de carbono y una mejor calidad de vida para las personas. Con 30 minutos de pedalear al día, las personas mejoran su salud y pueden aumentar su expectativa de vida.

–¿Cuántas bicicletas hay en la ciudad?

–En la municipalidad tenemos 580 mil habitantes y 670 mil bicicletas; hay más bicis que personas.

–¿Cómo se logró estructurar el sistema? –se le interroga a un lado de la estatua del escritor de cuentos infantiles Hans Christian Andersen.

–Se creó una red de ciclovías por toda la ciudad que están conectadas con el transporte público. De manera que si llueve o nieva, las personas pueden subir su bici al tren de manera gratuita y llegar a su destino… Es un sistema flexible en el que además se trató de optimizar el uso de la calle de manera que circulen autos y ciclistas al mismo tiempo, aunque es mejor que la gente se mueva por medio de la bicicleta, porque ocupan menos espacio, mientras un auto abarca más espacio y nueve de cada 10 sólo transporta a una persona.

La responsable del programa explicó que se ha puesto en marcha una estrategia llamada ola verde, que consiste en sincronizar los semáforos para que en las horas pico, el ciclista no encuentre ningún semáforo en rojo si viaja a una velocidad promedio de 20 kilómetros por hora.

Aunque Copenhangue ya es un ícono del ciclismo urbano a escala mundial, las autoridades de la ciudad buscan incrementar esta actividad, con el fin de reducir las emisiones de bióxido de carbono y convertirse en una localidad de carbono neutral para 2025. Con ese propósito se analiza la ampliación de los espacios para dicha práctica, si bien reconocen que puede generar inconformidad restar espacio a los automovilistas.


 

Fuente: Periódico La Jornada